Sunday, August 10, 2008

II.

Entre tantos delirios pensando y escribiendo juntos, podían incrementar sus ganancias vendiendo chasquibunes en el barrio de once patadas en el culo. Abrió los ojos, todo era rosa a su alrededor lleno de gritos el cuarto sin intención, esperando así poder descargar toda esa puta bronca y todo ese miedo estructural era su mente que no le permitía abrirse a pensamientos más abstractos, por favor alguien máteme. Abstractos, repitió. Y respondí que no, o quizás no respondí y sólo miré desaprobándolo con firmeza, dolor, culpa, deseo y el continuo tic tac de su reloj de Garfield, terminó volviendolo psicótico, estaba a full, no podía esperar ni un suspiro, quería acción por ese maldito paraguas que nos refugió del agua pero nos condenó a compartir. Era eso. Un mate, un café, un asesinato, la vida y la muerte son palabras que encierran un halo de misterio para el hombre esta vez, y era fabuloso. Lleno de amor y apertura, quería ser un esclavo de mi herencia, de los deberes, de lo que el mundo espera y espera y espera. Pero no. No es azul y no es un príncipe sin dientes, manco y pelado, pero príncipe al fin así que aprovechá para robarle todas las sensaciones más íntimas y hacerlas públicas, porque ya no sé como mirarte y escucharte al mismo tiempo, el peor invento del hombre. Bah, la culpa y el tiempo. Malditos inventos. Maldita cultura.

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